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    2019-05-15

    Por supuesto, para que el reconocimiento de los campesinos se constituya como nacional es necesaria una relación de poder bastante poco estudiada, en la que sectores oligárquicos podrían representar a los campesinos. Esta articulación sería desestabilizada de vez en cuando, como por ejemplo cuando Sandino logró que su movimiento guerrillero tuviera resonancias subalternas y nacionales. Pero lo más frecuente es que esta representación profundamente patriarcal se Conclusions en la idea de un campesino no violento en sí mismo, sino paciente de la violencia. Es necesario traspasar el límite del forajido, criminal o bandolero, incluso el de indígena, para ingresar con buen pie al campo de las representaciones místico-políticas, religiosas y letradas en torno al campesino, una tradición que, como hemos visto, impregnó, al menos desde los años treinta del siglo xx, la ideología sobre el campesino.
    Conclusiones La coyuntura de la guerra de la “contra” y la problemática de su representación política e histórica, refiere a la permanencia de la cuestión campesina en la estructura histórica y memorística nicaragüense, la que se inscribe comúnmente “desde arriba”, es decir, desde los presentimientos y deseos de las élites, de hecho a través de procesos de apropiación sentimental y política. En ese sentido la perspectiva de los Estudios Subalternos puede ayudar a ubicar funcionamientos y geografías específicos, activando motivos deconstructivos, agrupando instancias aparentemente disímiles y estableciendo continuidades regionales que se remontan a una larga duración colonial, tal es el caso de la tensión ciudad-campo. Desde este punto de vista, la literatura nacionalista pierde su estatus de pureza y su atribución unilateral de emancipación. De hecho, vemos que en coyunturas políticas enrevesadas, la literatura funciona como un artefacto ideológico que se puede yuxtaponer con otros discursos en constelaciones de dominio y hegemonía. Así, en diversas coyunturas históricas (derrota de Sandino, dictadura de Somoza, Revolución sandinista, guerra de la “contra”, derrota del fsln) se articularon discursos literarios que batallaron, se opusieron y se combinaron a veces con discursos de las ciencias humanas, o con la discursividad propia del Estado o gubernamental. Ese funcionamiento de la cultura, ayuda a phytochrome percibir cómo la gubernamentalidad revolucionaria sandinista se vinculó con tradiciones de la cultura política nacional, y cómo el rompimiento radical que propuso operó también dentro de una pragmática de lo establecido. El nuevo poder constituyente se articuló, en parte, con lo que fue construido y presentido como significante a lo largo de la lucha por la hegemonía modernizadora. La identificación de los campesinos fue dada desde arriba a través de simbolizaciones letradas. Aquí cabe preguntar por la participación de los propios campesinos en estas simbolizaciones, asunto que no hemos explorado en este texto. Apuntaríamos la necesidad de observar y analizar los procesos de transculturación, y los procesos alternativos de memorización desde abajo que son todavía muy opacos. En este sentido, la escritura individual sanadora es una estrategia de compromiso de las clases altas y medias, visto que es impulsada, precisamente, por la maquinaria de la pragmática nacionalista. Por un lado, su política puede devenir privatizadora de una experiencia política amplia (incluyendo el consumo de la sensibilidad del Otro). Por otro lado, su marco puede no trascender la doxa sobre el subalterno elaborada durante el establecimiento de lo nacional.
    Introducción En las ltimas décadas, Latinoamérica en general y Perú, en particular, han experimentado sustantivas transformaciones con efectos directos en las demandas de los actores sociales, sus plataformas políticas, discursos y marcos identitarios. Hechos como la profundización de la política económica neoliberal o la persistencia de altas tasas de pobreza y marginalidad, revelan los límites del actual modelo económico y de desarrollo, interpelando a los pueblos y organizaciones respecto a cómo concretar sus demandas, ya sea desde la vía contenciosa o la disputa por puestos de poder. Se articulan así dinámicas complejas, en las que la decisión de los movimientos sociales de combinar protesta y participación electoral no es necesariamente un proceso de confluencia armoniosa, originando a menudo tensiones y debates que expresan cambios importantes en las formas de participar y entender la política.